domingo, 3 de enero de 2010

Calma

Puede que fuese el fantástico aroma a tareas sin hacer o simplemente la fragancia de las cañerías del baño las que me hacían sentir que estaba en casa de nuevo.
No había dado tiempo ni a sentar el culo en el sofá para ver una de esas maravillosas películas de por la tarde en antena3, todo fue un venga que si depílate que si corre a por los zapatos que si prepárate para la noche, venga empieza a beber, vomita de una vez y así.

En realidad estuvo todo como en ese programa de la lavadora a la que le llaman centrifugado, lo que me hace recordar, señorito, que has de comprarte una.

Retomando lo del centrifugado, en efecto, estaba todo igual de...¿limpio? No, no, de revuelto.
Que si no vengas a mi casa, que si no vuelvas mas, que deja ya el móvil que si cabreate por chorradas como pianos..Y, es cuando una dice, dale al stop eh, dale al stop porque sino acabaré por darme una cepazo contra algo que me voy a quedar picueta.

Después de una noche en calma y una tarde más calmada aún, se acaba el centrifugado. Eso si, como os descuides la ropa se os escapa corriendo, que dices; mojada? Sí, mojada y a escape.




Solo necesitaba un poco de calma, y olvidarme del resto.

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