lunes, 23 de noviembre de 2009

Llegó a plantearse el hecho de que se había olvidado de todo, ¿entiende?. Quiero decir, era como una nueva oportunidad de hacer las cosas, de hacerlas bien, de aprender. Con una oferta como esta en los morros no puede plantearse la idea de rechazarla. Bueno, discrepo, sí se lo puede plantear pero será algo que nunca lleve a cabo. Pondré como ejemplo; veinticinco de agosto con la carne puesta al sol, está a dieta y sin embargo en el chiringo venden unos helados que se muere de ricos, piensa; No debo, estoy a dieta. Sin embargo, lo piensa mientras esta en la cola decidiendo si lo quiere almendrado o no y contando los céntimos en la palma de la mano.

Pues esto era tal que así, era una idea imposible de rechazar.
De lo único que tenia algo de pavor era de olvidar aquellas graciosas patrañas que solo existían en su mente, eran viajes siderales por una imaginación infinita, había desde sueños nocturnos llenos de luces, de risas y de chumba chumba ensordecedor, hasta los momentos mas sosegados en una especie de casa de la pradera. Esta bien, esas cosas no habían desaparecido, sin embargo hay como una amnesia que le obliga a olvidar como se jugaba a las muñecas, como deseaba aquel juego de mesa, como le encantaba emborronarse la cara con las pinturas de mamá y ponerse sus tacones siete u ocho tallas más grandes.
Deseamos no olvidar, a veces ayuda aunque otras veces nos hace olvidar, valga la redundancia, cómo es nuestra esencia, como son esos impulsos, esa voluntad, ese mirar a través de los ojos de un gatito recién nacido mojado, esa inocencia y falta de desconfianza, esa franqueza con solo una mueca.

Yo aún creo saber lo que reside dentro de mi, sigo siendo la niña de casa que correteaba hasta no poder mover un músculo, que le revolvía la ropa a su hermana cuando ella tenía clase por la tarde, a la que le encantaba discutir con esa hermana, de nuevo, y no por la ropa, sino por no haber ido a comprar gusanitos y esperar después un abrazo reconfortante de alguien como tú.
Creía también, haber olvidado, o de hecho ni haber conocido, esa sensación de plenitud, como cuando te llenas de cocido hasta las cejas y acabas con la frase de "Quedei coma un Pepe", pero me equivoqué, no la olvidé, sin embargo ahora la conozco. Dale al pause, ¿Si?

Yo no olvido, ¿y tú?.

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