
La supina soberanía del aprovechamiento, el arte de embaucar. La maravilla de los colores infantiloides y la belleza de las mariposas. La perfecta escultura ecuestre de bronce y la redundante perfección de los cojones del caballo de espartero. La fría brisa de aire grados bajo cero en la cara y el resplandor del culo de un gusiluz. Los latigazos en la cara del pelo al viento y el molesto olor a celulosa, para contrarestarlo, los cálidos rayos de sol a nada mas que doce grados en la espalda.
La esponja llena de jabón, las zapatillas limpias y la cama hecha. Una sopa caliente para coger temperatura y una fantástica manzana de azúcar para amedrentar nuestra buena salud, como colofón último un vergonzoso final de olvido sobre el propio tema a tratar.
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