viernes, 16 de octubre de 2009

Son las once menos cuarto


Tal vez sean mis malas costumbres de mirar al suelo mientras camino, pero una vez levantas la vista de los adoquines descubres una ciudad regida por el incesante tintineo de un par de agujas impertinentes.
"¿Qué hora es?" Tal vez sea la pregunta mas habitual en estos tiempos.
Quedamos a las cinco. Salgo a las dos y media.¿ El cambio de clase es a menos diez, cierto?. Ya es la una, mañana me levanto a las siete, me iré a dormir ya. El programa empieza a las doce menos cuarto. Cojo el bus de las nueve. Son las diez se me hace tarde. Llevo dos horas dibujando.

Nos podemos quejar de mil y una cosa en esta vida, uno se queja con motivos o sin ellos, por egoísmo o puro aburrimiento, sin embargo no se oyen quejas sobre el verdugo del que dependemos día sí día también.

Levanta la vista, todos los relojes de esa ciudad te están observando, te están obligando a ceñirte a sus antojos
. Cada vez que los veas harán un pequeño movimiento marcando el paso de otro minuto más, otro minuto en el que no has hecho nada, otro minuto en el que nada ha cambiado o sin embargo, otro minuto en el que te ha cambiado todo, por completo.

1 comentario:

  1. en uno de esos minutos el aburrimiento llamo a mi puerta y como un tal flickr no me hacia caso me hice uno de estos.
    Que seguramente no vuelva a actualizar.

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